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miércoles, 3 de agosto de 2016

No se aceptan reclamos sobre violaciones de mujeres que provocan desde escaparates...

Victor Raul Gamarra Sotomayor


Simpatizante objetivo de Daech, en lo que toca a la visión que esta organización acuerda a la mujer, adjudicándole un rol de esclavitud total a comenzar por el encubrimiento de su cuerpo, Cipriani reclama para las  mujeres peruanas una vestimenta a la usanza islamista de la  burka. Prenda que según los imbéciles elimina todas las pulsiones sexuales, porque de esta manera, la mujer se preserva, desde los pies hasta la cabeza, de toda agresión masculina.
 Hay, varias dimensiones en la declaración hipócrita de este pretendido santo varón, que nos miente  cuando declara no haber recurrido jamás al placer solitario que el mismo denomina “manuelazo”. O cuando afirma que nunca sintió ninguna atracción  por las mujeres, incluidas las monjas de su rebaño, aquellas que están  protegidas por largas  faldas y abultados velos; como si la iglesia no ofreciera al mundo entero, ejemplos de violaciones y abortos que se practican entre las paredes secretas de los conventos y que los curas violadores como los pedófilos, siempre han sido y son intocables.
Cipriani tiene el derecho de pertenecer a la opción política la más retardataria del Perú. Pero no tiene el derecho de ejercer una pedagogía insultante y ofensiva contra las mujeres, desde ese pulpito cardenalicio, desde donde siempre ha predicado discursos abyectos y procaces, que nada tienen que ver con el espíritu ni con los valores cristianos de respeto y humildad, frente a todos los géneros.
Qué se puede esperar de este hombre bajo, hecho de paradojas y contradicciones disparates, que un día osó insultar al Obispo Barbaran. Que sus homilías siempre apestaron al azufre del odio y hasta al mismísimo racismo primario. Él ha sido el portavoz y la ilustre expresión de los violentismos arteros de derecha ultra conservadora contra el pueblo, sin que sus posturas hayan jamás representado, ni a los cristianos ni a los católicos.
Qué se puede esperar de un ciego anacrónico y mentiroso, auto inmiscuido en la política terrenal y que opta posiciones totalmente absurdas, negativas y contrarias a la razón e incluso contarías al sentido más profundo de la relación del cristianismo con el hombre, en todo lo que concierne a su derecho de conducir su vida como él lo siente o como él la entiende.
Qué se puede esperar de este invidente obsesionalo, que despotrica sobre los métodos anticonceptivos. Contra el divorcio. Contra las madres solteras. Contra las personas LGBT y contra el aborto terapéutico. Contra la unión civil. Contra el matrimonio homosexual y contra otras tantas aspiraciones humanas que reciben andanadas de insultos y erráticas prohibiciones del  prelado, que apela al obscurantismo retrogrado y a la humillación individual y colectiva.
Finalmente, qué se puede esperar de este cura fachofujimorista, que reclama el restablecimiento de la pena de muerte en el Perú, que en su condición de sacerdote católico, celebró la amnistía del Grupo Colina y que hoy,  osa enlodar la dignidad de las mujeres peruanas, culpabilizándolas de procrear  violadores y a quienes hay que perdonar sus agresiones porque fueron “provocados”.
Como este cura fascista lo dijo alguna vez, “Hay que tener cojones para decir tantas cojudeces…”