palpitaciones y aproximaciones severas sobre lo que no somos y sobre lo que creemos no ser
viernes, 13 de marzo de 2009
BLANCA ENTRE LAS BLANCAS
Susurros enrostrados.
En la calamidad de un gesto ajeno.
Sonrisas anónimas y pendencieras.
Empotradas en el compendio de la ley.
Tus ojos que calan mirando lo invisible.
Y en tu plato de pobre, pobre, danzan ellas.
Las lúcidas alimañas, observándote.
Observando cómo sonríes a la vida.
Y cómo la vida se esconde en el tacto.
En la tragedia de la mañana clara.
Cuando clara, solo se alumbra de cerrazones.
domingo, 8 de marzo de 2009
LA INTOLERANCIA Y LA INCULTURA DE MVLL
Vargas Llosa no puede con su genio. De nuevo a las andadas con andanadas de contrabando intelectual, cuando analiza en un artículo reciente, la espantosa reticencia gubernamental de declinar la propuesta alemana de participar en la construcción de un Museo de la Memoria, en nuestro país.
La lucidez del escritor se ilumina de cabo a rabo con esa ilustre pedagogía del trato preferencial a lo accidental, a lo contingente, a la anécdota, a la forma ciertamente literaria y bien tratada, pero desprovista de fondo, o con un fondo machacado de inexactitudes, que se pierden en la extensa filosofía de su intolerancia y desprecio por las formas de pensar que no corresponden a su sectarismo de reaccionario cabal. De unicornio, anclado en esa derecha española de la non inteligenzia.
Es cierto que el mayor drama que nuestro país ha sufrido, se condensa en el enfrentamiento armado entre peruanos y cuyas cifras aterrorizantes de muertos y desaparecidos, como cruel resultado, se calculan en 70 mil.
70 mil seres humanos escogidos entre los sectores más pobres y más olvidados de las profundidades serranas, que efectivamente fueron las víctimas enumeradas de la violencia ciega, parto doloroso de otra violencia más antigua y todavía latente y que está determinada por las condiciones inaceptables del sistema que impone y privilegia la explotación, fabricando una miseria desesperada y desesperante que puede caer, en cualquier momento, en los brazos de una nueva aventura delirante, porque a la hora actual nada ha cambiado, y no se hace nada de fundamental por cambiar, a excepción de la demagogia alanista, que pondera un desarrollo inexistente e invisible.
Los verdaderos artesanos de todo conflicto social, entre otros, son aquellos que como Vargas Llosa, desde su extraordinario pupitre mediático sostienen y entretienen tesis políticas y económicas que van al encuentro y protección del capital sin responsabilidades sociales. A la sacralización de las inversiones privadas acordándoles el máximo de libertad y el mínimo de interferencia estatal: “dejarlas enteramente en los brazos del mercado para que se ocupen del desarrollo y del crecimiento” y ya vemos los resultados: Pobreza y desigualdad, Enriquecimiento desmedido para pocos y miseria para el resto.
Quien suscribe alegremente tales convicciones en otros foros de magnificencia internacional, con socios de comprobada inmoralidad intelectual, no puede lagrimear sobre los cadáveres de quienes directamente fueron las víctimas de la vigencia lamentable de ese pensamiento, de ese de estado de injusticia que tales tesis contribuyen a perpetuar.
Un Museo de la Memoria no puede ser una pinacoteca a donde se cuelguen los excesos y las aberraciones de los unos o de los otros. Un museo de la Memoria es la conciliación y el acuerdo nacional de reivindicar la razón para no recaer en la vorágine de la manipulación que crea enemigos en un mismo campo, como lo fueron la inmensidad de soldados de extracción pobre que torturaron y tiraron por encargo y se emularon con el adversario en una absurda espiral de odio y muerte.
Alemania no ha conocido las dimensiones de la guerra interior. Un conflicto particular entre connacionales. Alemania afronta su pasado con un sentido de culpabilidad que envuelve de vergüenza a toda la nación. Alemania saldó sus deudas reconociendo que sufrió la manipulación hitleriana, aquella que arrojo innoblemente a todo el país, en la gigantesca locura de la exterminación pura y dura de judíos y pidió públicamente perdón.
El suyo, es un gesto comprensible y generoso de hacer una donación importante a un país que como el nuestro, aún se debate por esclarecer las odiosas responsabilidades de tanta matanza injusta, de allí que el Gobierno, a través del ministro Ántero Flores Aráoz, explicite su preferencia por el olvido antes que por el recuerdo. Las heridas no están cerradas, ni nuestro porvenir económico y social es claro. Las injusticias se multiplican. El vandálico saqueo de nuestro país y la entrega loca de nuestros recursos al capital foráneo amenazan, tarde o temprano, con una nueva respuesta popular. Por lo que, honrar la memoria de los que fueron asesinados, de todos los muertos de ese periodo doloroso, es, ante todo, desaparecer para siempre las condiciones económicas profundas que motivan la desigualdad flagrante de la sociedad peruana.
sábado, 7 de marzo de 2009
CHINO MALDITO, MAIDITO CHINO
El Perú habría podido ser el país más civilizado del mundo, si Fujimori hubiera comprendido y respetado ese estado de gracia natural que tienen los peruanos en materia de hospitalidad con los extranjeros y si hubiera conducido un gobierno honrado y limpio, como simple retribución a esa extraordinaria miopía colectiva que creyó ver en él, más como japonés que como peruano, a un industrioso ingeniero emigrante que sobre sale en la vida con honestidad, gracias al tesón y a la constancia de su trabajo, considerando esos atributos suficientes para confiarle, hasta la primera magistratura.
Cualquiera que sea su nacionalidad, cualquiera que sean sus orígenes raciales, los extranjeros afincados en el Perú, siempre han beneficiado de una particular deferencia en cuanto a actitudes de simpatía, de respeto admirativo y hasta de solidaridad y entrega, por no decir de sumisión.
Fujimori fue uno de ellos por quien se perdió hasta el orgullo de ser peruanos. Por quien se sacrificó la necesidad de respetar nuestras líneas ancestrales, aun cuando estas hayan producido muy poquísimos presidentes con apellidos de legítima consonancia peruana: Nuestra historia republicana está plagada de apellidos raros, que cuando no son extranjeros y extranjerizantes, son proclives a subrayar sus lazos con el exterior, de preferencia con la madre patria, atavismo colonial que todavía produce suculentos réditos en nuestra triste tabla de homologación social.
Esa, es una de las escasas lealtades al buen sentido y al respeto de la dignidad humana que los oriundos de estas tierras subordinan, sabiéndolo o no, al principio de universalidad del ser humano y de sus derechos, y, al rechazo del infantilismo nacionalista primario que, en otros países, consiste en aborrecer y combatir, desde todos los niveles de la sociedad, a todo aquello que no es autóctono y que aspira a desempeñar un rol activo en la comunidad en la que vive.
Incluso, la ilustre Europa siembra en sus extensos territorios, numerosas parcelas contaminadas de exclusividad nacional y nacionalista, en las que se cultivan casi naturalmente, todos los frutos prohibidos de la diferencia y sus correlatos raciales y racistas. La Unión Europea, contrariamente a lo que se cree, no es otra cosa que una entelequia administrativa, organizada más o menos eficazmente por los imperativos mercantiles y está lejos, muy lejos de representar las ideas de sus fundadores que soñaron con una federación de naciones, política, social y económicamente unidas.
La vigencia de los nacionalismos patrioteros han determinado el estancamiento y la esclerosis aguda de la que hace gala UE, en el terreno real de la integración. En el plano interior, varios de sus países miembros practican activamente la marginalización en contra de las comunidades de origen extranjero, limitando seriamente sus aspiraciones de participación política y dando lugar a derivas monumentales que, como en el caso de España e Italia, han puesto en marcha un tenebroso cambio en la política de emigración extranjera.
Fujimori, ese ciudadano japonés que fue percibido por la población como un peruano más, sin hacer una ociosa distinción sobre sus orígenes extranjeros, recibió, como muy pocos, ese inmenso olor de santidad nacional que confiere la esperanza y la credulidad y él lo dilapidó a los cinco minutos de haberse instalado en la presidencia.
Su gobierno se definirá como una experiencia psicológica de perversión sistémica en todos los estamentos administrativos ligados a los poderes del estado, en los que instaló la inmoralidad y la corrupción participativa, como ejes centrales de una degeneración gubernamental programada para comprometer y asegurar lealtades: “Si todos somos corruptos, nadie será corrompido”
Así, Las arcas del Estado fueron tomadas por asalto y se legisló en el sentido de impedir toda auditoría y todo control. Fue allanado el camino hacia la promoción del delito y se produjeron las fechorías más inconcebibles, desde el enriquecimiento familiar que se conforta extraordinariamente en bancos del Japón y Suiza, hasta el montaje y financiamiento de aparatos de sostenimiento político que actúan a la luz y a la sombra, empleando todavía y aún en la actualidad, los métodos licenciosos y vedados del hampa política, pasando por el fraude a todo nivel y la adquisición de conciencias, mediante el soborno y la paga en contante y sonante.
Este modelo de organización gubernamental, hizo estallar todos los principios morales e instaló una soberbia, como descarada política de negación de los derechos humanos. Se sirvió de militares ignorantes y ambiciosos que modificaron los términos de la carrera militar, subordinándola al arrivismo servil y transformando a las fuerzas armadas en huestes mermadas de dignidad y sin código del honor: En guarniciones de rapiña que sembraron la muerte con la crueldad brutal del primate y que violaron por doquier, guarecidos en la impunidad y en la protección del gobierno central.
La mentira y el fraude fueron las monedas corrientes y cotidianas de la acción del Estado. Organizó y se dotó de un sistema de información subliminal que apuntó derecho al corazón fragilizado del peruano medio, explotó sus miedos, su mediocridad y su ignorancia, fundando el concepto “chicha”, concepto que se pierde, para vergüenza de todos los peruanos, en la infinidad de la ramplonería profundamente estúpida y vacua.
El estado de guerra constituyó la excusa oportuna para no rendir cuentas. Para inventar secretos operativos monstruosos de matanzas programadas, a diestra y siniestra; para aterrorizar a sus opositores mediante el rapto o la amenaza de muerte. Condujo la guerra con mano firme hasta la parodia estrafalaria de pretender encarnar en el Perú, la crueldad de Pinochet, haciéndose llamar admirativamente: “chinochet”.
Fue el inspirador de los métodos más bajos y vedados que se emplearon en esa guerra que debió terminar mucho más temprano y que la prolongó, artificialmente, por los réditos que ella distribuía en todos los estratos concernidos. Se inventó una grosera caricatura de patriotismo violento, combatiendo a Sendero bajo las formas sanguinarias más fieras y más inhumanas, lo que dio origen a una espiral de monstruosidades inaceptables desde todo punto de vista, en los dos campos.
Pero, lo que la historia retendrá en prioridad cuando analice la personalidad de Fujimori, será sin duda, el cinismo estudiado de todos sus actos públicos, Su triunfalismo bellaco paseándose en medio de cadáveres. Su renuncia por fax y su vergonzosa huída al extranjero, coronada por una candidatura al Congreso Nipón y una millonaria boda, falsa y convenida, es decir, la mentira que sucede a otras mentiras en una progresión de inmoralidades, en las que termina creyendo él, su familia y sus colaboradores, al punto de concebir y acariciar el sueño de una alternancia que acribilla los últimos residuos de decencia y enloda a sus descendientes, con el anuncio de que su Señora Hija podría ser candidata a la Presidencia. Si, ella, la hija de un asesino ladrón.
Hoy, cuando está a las puertas el veredicto final sobre su suerte, somos impotentes para que nuestra intransigencia en la aplicación estricta de la justicia sea escuchada. Ese juicio se desarrolla en medio de intereses millonarios y con actores vivientes que tienen rabo de paja, pero que todavía tienen mucho poder de decisión y mucho de influencia determinante.
Ese proceso es el espejo que permitirá impedir lo que no desean que ocurra con ellos mismos en un futuro próximo, de allí el pacto de sangre que anunciáramos hace más de dos años y que liga a las dos versiones de la infamia corrupta, el alanismo y el fujimontesinismo en una coprofagia de perros del hortelano, alianza de intereses compartidos que otorgarán, más pronto que tarde, un indulto vergonzoso que aterrizará en una prisión dorada de algunos meses, o tal vez de algunos años, para guardar las apariencias y apaciguar la vehemencia de los irreductibles….
---------------------------------------------------------
Yo tacho la candidatura de Keiko Fujimori porque la considero inmoral e insultante para la inteligencia y la dignidad de mi país, aun cuando reconozco su derecho a postular, como hija de un emigrante, a la Presidencia de la República del Perú. (Usa esta introducción en todos tus escritos y firma)
Cualquiera que sea su nacionalidad, cualquiera que sean sus orígenes raciales, los extranjeros afincados en el Perú, siempre han beneficiado de una particular deferencia en cuanto a actitudes de simpatía, de respeto admirativo y hasta de solidaridad y entrega, por no decir de sumisión.
Fujimori fue uno de ellos por quien se perdió hasta el orgullo de ser peruanos. Por quien se sacrificó la necesidad de respetar nuestras líneas ancestrales, aun cuando estas hayan producido muy poquísimos presidentes con apellidos de legítima consonancia peruana: Nuestra historia republicana está plagada de apellidos raros, que cuando no son extranjeros y extranjerizantes, son proclives a subrayar sus lazos con el exterior, de preferencia con la madre patria, atavismo colonial que todavía produce suculentos réditos en nuestra triste tabla de homologación social.
Esa, es una de las escasas lealtades al buen sentido y al respeto de la dignidad humana que los oriundos de estas tierras subordinan, sabiéndolo o no, al principio de universalidad del ser humano y de sus derechos, y, al rechazo del infantilismo nacionalista primario que, en otros países, consiste en aborrecer y combatir, desde todos los niveles de la sociedad, a todo aquello que no es autóctono y que aspira a desempeñar un rol activo en la comunidad en la que vive.
Incluso, la ilustre Europa siembra en sus extensos territorios, numerosas parcelas contaminadas de exclusividad nacional y nacionalista, en las que se cultivan casi naturalmente, todos los frutos prohibidos de la diferencia y sus correlatos raciales y racistas. La Unión Europea, contrariamente a lo que se cree, no es otra cosa que una entelequia administrativa, organizada más o menos eficazmente por los imperativos mercantiles y está lejos, muy lejos de representar las ideas de sus fundadores que soñaron con una federación de naciones, política, social y económicamente unidas.
La vigencia de los nacionalismos patrioteros han determinado el estancamiento y la esclerosis aguda de la que hace gala UE, en el terreno real de la integración. En el plano interior, varios de sus países miembros practican activamente la marginalización en contra de las comunidades de origen extranjero, limitando seriamente sus aspiraciones de participación política y dando lugar a derivas monumentales que, como en el caso de España e Italia, han puesto en marcha un tenebroso cambio en la política de emigración extranjera.
Fujimori, ese ciudadano japonés que fue percibido por la población como un peruano más, sin hacer una ociosa distinción sobre sus orígenes extranjeros, recibió, como muy pocos, ese inmenso olor de santidad nacional que confiere la esperanza y la credulidad y él lo dilapidó a los cinco minutos de haberse instalado en la presidencia.
Su gobierno se definirá como una experiencia psicológica de perversión sistémica en todos los estamentos administrativos ligados a los poderes del estado, en los que instaló la inmoralidad y la corrupción participativa, como ejes centrales de una degeneración gubernamental programada para comprometer y asegurar lealtades: “Si todos somos corruptos, nadie será corrompido”
Así, Las arcas del Estado fueron tomadas por asalto y se legisló en el sentido de impedir toda auditoría y todo control. Fue allanado el camino hacia la promoción del delito y se produjeron las fechorías más inconcebibles, desde el enriquecimiento familiar que se conforta extraordinariamente en bancos del Japón y Suiza, hasta el montaje y financiamiento de aparatos de sostenimiento político que actúan a la luz y a la sombra, empleando todavía y aún en la actualidad, los métodos licenciosos y vedados del hampa política, pasando por el fraude a todo nivel y la adquisición de conciencias, mediante el soborno y la paga en contante y sonante.
Este modelo de organización gubernamental, hizo estallar todos los principios morales e instaló una soberbia, como descarada política de negación de los derechos humanos. Se sirvió de militares ignorantes y ambiciosos que modificaron los términos de la carrera militar, subordinándola al arrivismo servil y transformando a las fuerzas armadas en huestes mermadas de dignidad y sin código del honor: En guarniciones de rapiña que sembraron la muerte con la crueldad brutal del primate y que violaron por doquier, guarecidos en la impunidad y en la protección del gobierno central.
La mentira y el fraude fueron las monedas corrientes y cotidianas de la acción del Estado. Organizó y se dotó de un sistema de información subliminal que apuntó derecho al corazón fragilizado del peruano medio, explotó sus miedos, su mediocridad y su ignorancia, fundando el concepto “chicha”, concepto que se pierde, para vergüenza de todos los peruanos, en la infinidad de la ramplonería profundamente estúpida y vacua.
El estado de guerra constituyó la excusa oportuna para no rendir cuentas. Para inventar secretos operativos monstruosos de matanzas programadas, a diestra y siniestra; para aterrorizar a sus opositores mediante el rapto o la amenaza de muerte. Condujo la guerra con mano firme hasta la parodia estrafalaria de pretender encarnar en el Perú, la crueldad de Pinochet, haciéndose llamar admirativamente: “chinochet”.
Fue el inspirador de los métodos más bajos y vedados que se emplearon en esa guerra que debió terminar mucho más temprano y que la prolongó, artificialmente, por los réditos que ella distribuía en todos los estratos concernidos. Se inventó una grosera caricatura de patriotismo violento, combatiendo a Sendero bajo las formas sanguinarias más fieras y más inhumanas, lo que dio origen a una espiral de monstruosidades inaceptables desde todo punto de vista, en los dos campos.
Pero, lo que la historia retendrá en prioridad cuando analice la personalidad de Fujimori, será sin duda, el cinismo estudiado de todos sus actos públicos, Su triunfalismo bellaco paseándose en medio de cadáveres. Su renuncia por fax y su vergonzosa huída al extranjero, coronada por una candidatura al Congreso Nipón y una millonaria boda, falsa y convenida, es decir, la mentira que sucede a otras mentiras en una progresión de inmoralidades, en las que termina creyendo él, su familia y sus colaboradores, al punto de concebir y acariciar el sueño de una alternancia que acribilla los últimos residuos de decencia y enloda a sus descendientes, con el anuncio de que su Señora Hija podría ser candidata a la Presidencia. Si, ella, la hija de un asesino ladrón.
Hoy, cuando está a las puertas el veredicto final sobre su suerte, somos impotentes para que nuestra intransigencia en la aplicación estricta de la justicia sea escuchada. Ese juicio se desarrolla en medio de intereses millonarios y con actores vivientes que tienen rabo de paja, pero que todavía tienen mucho poder de decisión y mucho de influencia determinante.
Ese proceso es el espejo que permitirá impedir lo que no desean que ocurra con ellos mismos en un futuro próximo, de allí el pacto de sangre que anunciáramos hace más de dos años y que liga a las dos versiones de la infamia corrupta, el alanismo y el fujimontesinismo en una coprofagia de perros del hortelano, alianza de intereses compartidos que otorgarán, más pronto que tarde, un indulto vergonzoso que aterrizará en una prisión dorada de algunos meses, o tal vez de algunos años, para guardar las apariencias y apaciguar la vehemencia de los irreductibles….
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Yo tacho la candidatura de Keiko Fujimori porque la considero inmoral e insultante para la inteligencia y la dignidad de mi país, aun cuando reconozco su derecho a postular, como hija de un emigrante, a la Presidencia de la República del Perú. (Usa esta introducción en todos tus escritos y firma)
domingo, 1 de marzo de 2009
CACABANILLAS CACASENAY TOMBITAS CALATAS
El primer desliz acaba de producirse: Sancionar sin investigar y sin proceso administrativo. Imaginar por un solo instante la sexualidad de la Cabanillas -lo que de por si es una tarea dura, una ruda prueba-, sospechándola cómo se chorrea y cómo se abandona lascivamente a los juegos duros y secretos de su alcoba, cómo se entrega sin reservas al dulce goce de su haber sexual, para luego decretar con “mano dura”, que las tombitas a quienes les colgaron sus inocentes travesuras en la red, han cometido un acto impúdico… castigándolas demagógicamente con dos meses sin goce de haber… Eso, es una triple invitación para penetrar en los arcanos de la hipocresía y la deslealtad consigo mismo.
Es, retornar al Brabante monacal de la edad media: “No queremos “vedetistas” que estén dispuestas a proteger el orden público desnudas”. Es la voz presidencial del falso puritano que destruye las bondades egregias y naturales de la piel, el que se aterra de sus propias impulsiones pero brinca, hipócritamente, con la lujuria tenebrosa y mórbida de los verdaderos enfermos de sexo. El puritano es un traidor.
Es, exaltar la facundia apristona de la doble moral con su inmoral presidente a la cabeza, que sabe tanto de conyugal como de brincadas extraconyugales, como cuando sale a la palestra para justificar sus deslices o para felicitar los de su pupila, que no busca otra cosa que acariciar, fálicamente, todos los efectos mediáticos que amplifican su imagen de presidenciable aunque legalmente cometa una falta grave, castigando injustamente a las gatitas “Fénix”… Aunque esas mogigatadas oculten lo esencial de su misión, que es perseguir a la verdadera corrupción que reina por todo el país.
Al fin y al cabo, el fin justifica los miedos. El doctorcito lo ha dicho célebremente a las autoridades estatales: “Brínquense sobre las normas y gasten sin temor a las leyes ni a los controles…”
Son las pautas referenciales de la filosofía aprista del robo, disfrazadas de una falsa eficacidad administrativa.
sábado, 28 de febrero de 2009
SIMION YEHUDE
El cretinismo es una distinción de elegancia entre nosotros los peruanos. Es decir, que el tipo de elegancia al que aspiramos y en el que nos solazamos, es aquel que emprisiona ferozmente el cerebro, condena el sentido común, cercena el discernimiento y nos estupidiza hasta la deshonra. Hasta la compasión. Somos un pueblo desglandulado, con la tiroides sólidamente atrofiada o inexistente y, además, somos patéticos en la versión tragicómica, hasta la objeción. Por eso perdemos la memoria o no la tuvimos jamás.
Como si en vida fuéremos momias con el encéfalo embalsamado en concreto armado, la inteligencia lucidamente disecada, como lo acaba de patentizar un estólido que, por supuesto, aspira cretina o candorosamente a la primera magistratura, olvidando quién es, qué es, y quien fue en la voluminosa historia de la tristeza que enluta nuestro país, desde cuando soñó con la liberación y se despertó, al día siguiente, desahuciado. En medio de traiciones y de traidores.
Este personaje, Como portavoz contranatura, o como alter ego del hipotiroídico congénito de Palacio de Gobierno, viene de confirmar la posición peruana de declinar la donación alemana de dos millones de dólares, suma simbólica e insuficiente, pero gesto noble e inteligente para perennizar en el recuerdo las consecuencias horribles del odio, para honrar la sangre inútil del fratricidio programado y manipulado desde la CIA.
Fratricidio odioso que produjo tantos dividendos a los vencedores, reciclando de paso a viejos combatientes, militantes “inmarcesibles” del sectarismo rabioso y violento que como SimónYehude se han transformado hoy, en pacíficos humanistas que aspiran a la reconciliación nacional, a partir de la conciliación con sectores de la derecha cavernaria y con sucios personajes que como García tienen, en el calendario histórico de la rendición de cuentas, una cita programada, con museo de la memoria o sin él, para responder por El Frontón. Claramente. Puntualmente.
Simón Yehunde confunde dramáticamente la reconciliación nacional con el olvido, ese olvido usurero y sórdido que prescribe responsabilidades que no se han saldado y que deben esclarecerse con claridad, para recién comenzar a hablar de perdón o de perdones. Simón Yehude como protagonista político inútil de segunda zona, clamorosamente afecto al oportunismo que se encubre detrás de esa entelequia fantasiosa, que el propugna y denomina, “izquierda madura”, se asocia, lamentablemente, a la ilusión descarada de borrar las huellas donde tantísimos atilas uniformados y los otros, horadaron el suelo de muerte y de absurdo.
jueves, 26 de febrero de 2009
YEUDE SE HUNDE
Cuando Haya de la Torre, enrojecido como un diablo que padece de úlceras incandescentes, gritaba a Luis Alberto Sánchez -ese personaje “ilustre como un vasto horizonte”, en el decir de Luis Jaime Cisneros-, el maestro temblaba. El maestro se hacía pipí. El maestro a veces lloraba.
Y, claro, sus lúcidas opiniones se convertían en cenizas satánicas y satanizadas y de ese modo, el Jefe instalaba su voluminosa supremacía con un golpe de puño sobre la mesa: Historia endiablada de subrayar su virilidad. Historia demoníaca de imponer la exclusividad autoritaria e incontestada de sus puntos de vista.
¿Cuántos desacuerdos fundamentales han separado a estos dos hombres que supieron sin embargo, transformarlos en acuerdos infames, en nombre de la sacrosanta unidad del partido y aún mucho más surrealista: “por el bien del Perú”?
Y eso es el APRA, desde la cúpula hasta las bases, el sacrificio de la verdad y de la decencia en beneficio de una falsa concepción de compañerismo. El culto de la traición como instrumento político de ascenso. La abdicación como filosofía negacionista de los valores eternos, relativizados con el auxilio demagógico del tiempo y el espacio y condensados en mamotretos que ofenden a la inteligencia y al notable avance de las ciencias sociales.
Y eso es el APRA, la tesis y la antitesis de la indefinición. La nada en estado puro, un barco borracho sin timón ni quilla, cuyos ideólogos se atrevieron ayer a citar a Hegel sin comprenderlo y hoy, son incapaces de comprender y aún menos de explicar la desarticulación irreversible del sistema capitalista y el retorno inevitable a formas de intervención estatistas, en el mero corazón del Imperio, cuyos oropeles defendieron desde Haya hasta García
Y eso es el APRA, una permanente declaración de impotencia conceptual que se ejemplariza entre “buenos” y “malditos”, eufemismo que esconde mal, hasta en eso, la hipocresía protectora de su Secretario General, sentimiento latente entre todos los compañeros, cuando lo correcto habría sido dividir el partido entre honestos y ladrones y, de paso, señalar claramente sus lacras y sus latrocinios. Pero eso es imposible. Eso es pedirle nísperos al cactus. Eso no es fraternidad…
Y en cuanto a los nuevos pro apristas que se suben al carro del gobierno, como ese vástago de arrepentimientos sospechosos y tardíos denominado Yeude, cuya voltereta solo pudo traerle beneficios pecuniarios que se concilian mal con un autodefinición de “humanista”, es, ante mis ojos, moralmente responsable y solidario de la corrupción del régimen, porque él ha decidido colaborar en alma y conciencia, cuando una tradición honesta de izquierda, incluso centrista, exige denunciar y combatir para ser creíble.
Y, claro, sus lúcidas opiniones se convertían en cenizas satánicas y satanizadas y de ese modo, el Jefe instalaba su voluminosa supremacía con un golpe de puño sobre la mesa: Historia endiablada de subrayar su virilidad. Historia demoníaca de imponer la exclusividad autoritaria e incontestada de sus puntos de vista.
¿Cuántos desacuerdos fundamentales han separado a estos dos hombres que supieron sin embargo, transformarlos en acuerdos infames, en nombre de la sacrosanta unidad del partido y aún mucho más surrealista: “por el bien del Perú”?
Y eso es el APRA, desde la cúpula hasta las bases, el sacrificio de la verdad y de la decencia en beneficio de una falsa concepción de compañerismo. El culto de la traición como instrumento político de ascenso. La abdicación como filosofía negacionista de los valores eternos, relativizados con el auxilio demagógico del tiempo y el espacio y condensados en mamotretos que ofenden a la inteligencia y al notable avance de las ciencias sociales.
Y eso es el APRA, la tesis y la antitesis de la indefinición. La nada en estado puro, un barco borracho sin timón ni quilla, cuyos ideólogos se atrevieron ayer a citar a Hegel sin comprenderlo y hoy, son incapaces de comprender y aún menos de explicar la desarticulación irreversible del sistema capitalista y el retorno inevitable a formas de intervención estatistas, en el mero corazón del Imperio, cuyos oropeles defendieron desde Haya hasta García
Y eso es el APRA, una permanente declaración de impotencia conceptual que se ejemplariza entre “buenos” y “malditos”, eufemismo que esconde mal, hasta en eso, la hipocresía protectora de su Secretario General, sentimiento latente entre todos los compañeros, cuando lo correcto habría sido dividir el partido entre honestos y ladrones y, de paso, señalar claramente sus lacras y sus latrocinios. Pero eso es imposible. Eso es pedirle nísperos al cactus. Eso no es fraternidad…
Y en cuanto a los nuevos pro apristas que se suben al carro del gobierno, como ese vástago de arrepentimientos sospechosos y tardíos denominado Yeude, cuya voltereta solo pudo traerle beneficios pecuniarios que se concilian mal con un autodefinición de “humanista”, es, ante mis ojos, moralmente responsable y solidario de la corrupción del régimen, porque él ha decidido colaborar en alma y conciencia, cuando una tradición honesta de izquierda, incluso centrista, exige denunciar y combatir para ser creíble.
jueves, 19 de febrero de 2009
CACABANILLAS EN RUTA A LA PRESIDENCIA
Mercedes Cabanillas se ocupará del Ministerio del Interior. Esta dama experta en desatinos memorables ha sido nominada por el doctorcito, para desempeñar ese cargo imposible y compensar de esa forma sus fobias y sus intransigencias, dentro de un esquema de veladas luchas intestinas que tienen mucho que ver con el futuro político de los aspirantes a la succión y a la sucesión.
Para nadie es un secreto que el Ministerio del Interior es una sucursal eficaz de la mafia y de la corrupción y que acabar con esas lacras no es una cuestión de personas o personalidades, en relativa posesión de una honorabilidad indiscutible, sino más bien, el empleo de una genuina voluntad gubernamental, que en verdad quiera distanciarse de la corrupción y la criminalidad para acabar con ella.
Lo cual, es soñar, lo cual es simplemente imposible porque los nexos, conexos, y las conexiones están sólidamente imbricados desde palacio de gobierno y conciernen a la mayoría de los capos apristas que han comprendido que su supervivencia dependerá de su enriquecimiento rápido y, por lo tanto, hay que fomentar positivamente la filosofía de la coima y el robo, entendiéndose con las cúpulas pútridas y a condición de ser discretos, y a condición de parecer honestos, como la Cabanillas sabe hacerlo, como cuando por ejemplo, condena las invasiones de terrenos pero felicita a sus inmundos gestores, que son a su vez patrocinados y defendidos por el máximo líder. En breve, una perla más de las relaciones que definen la criminalidad creciente del APRA.
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