publizida.es

domingo, 5 de abril de 2009

ANDINO MIRKO LAWER DETESTA REIR



A Mirko Lawuer se le salen dramáticamente sus impulsiones inclinadas hacia el autoritarismo y la franela por la dictadura. Dura constatación de alguien que a veces da en el blanco con sensateces, pero a menudo, da en el flanco con sandeces. Al costado de la basenica. Cómicamente.

Hay que ser un payaso para censurar a los cómicos que hacen reír (que por otro lado no hacen otra cosa que decir cosas serias pero tristemente jocosas), sobre todo, cuando se las emprenden con los políticos; porque en el Perú, es necesario ser cómico para ser político, o ser futbolista (de la selección) para aspirar a ser un cómico en el terreno de juego y fuera de él, como lo demuestra la carta notarial que un futbolista ha enviado a un programa cómico, exigiendo que dejen de hacer imitaciones de su persona.

Las sociedades que ríen de Democracia (no de la Democracia) son aquellas que están de acuerdo en la importancia de zarandear a los estereotipos, traquetear a la intolerancia, desenmascarar lo grotesco y lo incorrecto, desinflar a los gordos grasos de ridículo, a los bufos repulsivos y risibles (también a ciertos búfalos), como el santo sebáceo de su palaciega devoción:

¡Reír es sano, alarga la esperanza de vida y como él mismo lo dice, lo que no mata engorda! Por eso García se mata de la risa con nosotros y ahi está como está, gordo, orondo… adiposo.

En nuestro país es trascendental reír, sobre todo, ahora que el doctorcito nos ha declarado andinos tristes y que sin razón Mirco Lawuer se solidariza con él, soltando perlas mofletudas como esta:

“¿Saben realmente los humoristas en qué momento dejan de ser graciosos? Una regla de oro en el tema podría ser que si hay tantas personas que no tienen problema en ser imitadas, y que incluso lo reclaman, entonces es preciso respetar la voluntad de quienes no desean ser imitados”.

Yo digo: Pobre muerto de hambre; la comedia y la risa, "Castigat mores ridendo".


sábado, 4 de abril de 2009

REVOLUCION CAPITALISTA

El capitalismo mundial, enclavado en la crisis económica más profunda de su historia, condición sine qua non para visualizar un cambio revolucionario, ¿ha encontrado en el G -20 la vía revolucionaria para salir de sus males?

Para los gestores universales de la pobreza, se trata de una revolución sin precedentes. En efecto, la dirección del capitalismo mundial se ha socializado. La globalización salvaje podrá sistematizar su actual anarquía dotándose de una mínima racionalidad a comenzar por la incorporación, en ese exclusivo cónclave capitalista, de otros países capitalistas emergentes como la China, La India y el Brasil, que han reunido las condiciones necesarias para acceder al gendarmerato de la economía capitalista mundial.

Ya no son ocho, ahora son 20 paises, lo que implica reconocer que las reglas de funcionamiento del “nuevo orden” establecerán nuevas zonas de influencia, nuevos patrones. Las disputas y la falta de entendimiento entre el norte y el sur comienzan a suavizarse, las declaraciones entusiasmadas de Brown y el éxtasis de Zarkozy y Merckel a propósito de los corolarios de la reunión, ha producido la primera reacción de las bolsas deprimidas:

Su fino olfato especulativo ve en los resultados de Londres un balón de oxigeno para continuar con el agio abusivo: han reaccionado a la alza, Los negocios financieros marchan. Nada cambia, todo se transforma. ¿Se puede moralizar el sistema financiero internacional? No, reglamentarlo, si.

Los paraísos fiscales, que son concepciones enclaustradas en la lógica íntima de la inmoralidad capitalista, creaciones necesarias y rigurosamente compartidas por todos los países a quienes beneficia, como son el tráfico de armas, de drogas, de medicinas, etc., ¿Podrán desaparecer?

La abolición del secreto bancario es una farsa descarada, no se puede desaparecer la partida de nacimiento del sistema capitalista porque su esencia nunca podrá ser transparente, sino, estaremos hablando de otra cosa.

Otra cosa también sobre el mismo tema, es el rol y el modo de empleo de los enormes medios financieros que se otorgarán al FMI, ese gigantesco testaferro de los grandes intereses financieros internacionales, a quien se le confía el rol de evitar la quiebra de los Estados pobres y “prevenir futuras crisis” cuando en América Latina, esa institución se le recuerda como una amenaza mortal, sobre todo en Argentina, que con sus ajustes estructurales delirantes, la hundió en una enorme pesadilla de la aun no sale todavía.

viernes, 27 de marzo de 2009

TRISTES DECLARACIONES DEL ANDINO GARCIA


Lo que muchos
llaman verborrea a esa disentería crónica y compulsiva del doctorcito, pueden trastabillar peligrosamente. Detrás de sus diarreas apremiantes se esconde el nudo gordiano de una ideología nacional socialista, que como hoy, en sus tristemente célebres declaraciones sobre el determinismo genético en relación con la geografía, se asocia a la gama de cruces gamadas que se estancaron en las teorías raciales en boga, en los años 30: En los años aciagos de la construcción del pensamiento hitleriano, que como todos saben, se establecieron las bases de las diferencias y de la supremacía racial, sustentadas en teorías antropológicas trasnochadas, falsas y obsolotetas, de las que García se hace eco en pleno 2009.


En sus declaraciones, que dicho sea de paso acentúa brutalmente la supuesta inferioridad del “indígena” con relación al negro, porque el primero “todavía” cosecha la coca y el segundo, al menos mete la alegría, García da nacimiento formal al racismo de Estado contra su propia población indígena: El racismo nace como ideología, cuando sustenta sus pilares en la afirmación equívoca que hay una relación lineal entre los contornos físicos de un grupo humano y su expresión psicológica.

Sin embargo, García no es el primero en lanzar sus desprecios públicos por la “raza indígena". El mismo Haya de la Torre, a pesar de su tórrido discurso social y político, aquel discurso anti imperialista de la primera época, era fundamentalmente un individuo racista antes y después, aún cuando aseguraba sentir una profunda admiración por la filosofía estética de los artistas greco romanos (que por otro lado, ellos adoraban al negro como modelo supremo de gracia y elegancia muscular), un día se le ocurrió pronunciar este grave dislate conceptual: “No es lo mismo un desnudo greco, que un cholo calato”, dijo, y los que festejaron esta “ocurrencia genial” del Jefe, deben ahora lamentar la profunda y humillante desvalorización física del cholo peruano, tacita antitesis del ideal que él se hacia del ser humano perfecto.

miércoles, 25 de marzo de 2009

GARCIA EL BELLACO: EL LORCHO INTI REY


La corrupción se radicaliza sin ambages y ahora asume la forma pontificada del dogma único, la bellaquería de todos los extremismos, la trasnochada certitud de ser la luz y la razón, la imitación grosera y mediocre del rey Sol, Luis XIV, la caricatura de un absolutismo monárquico todo poderoso; el Lorcho Inti Rey, ha dicho: El Estado soy yo:


“En el Perú, el presidente tiene un poder, no puede hacer presidente al que él quisiera, pero sí puede evitar que sea presidente quien él no quiere. Yo lo he demostrado”


La pobre madre del cordero exhibe su total desnudez mostrando que García, el doctorcito de los enjuagues cloacales, el fidel servidor del mercantilismo pútrido, tiene el derecho y la potestad absoluta de impedir la victoria de quien el pueblo decide.


En otras palabras, nuestro lorcho Inti Rey a dicho:“yo me zurro en la constitución y en las elecciones generales, la ley soy yo para garantizar vuestras inversiones, yo lo he demostrado, tengo el poder de matar y mandar a matar a quien os estorbe…”

Esperemos que esta nueva manifestación corrupta de la interpretación del rol de un Jefe de Estado, no caiga en la banalización y la indiferencia. Pidamos su cesantía.

domingo, 22 de marzo de 2009

BENEDICTO XVI Y SUS TRES NEGACIONES



El oficio de ser Papa
y ser Jefe de Estado a perpetuidad, un poco antidemocráticamente, debería reglamentarse. Hay que inventar el retiro o la obligación de abstenerse cuando no se sabe lo que se dice: Dicenda, tancenda loqui.

A la edad en que ya no se puede diferenciar por ejemplo, sida y suicida, que son dos cataclismos existenciales, dos azotes con rangos y rasgos distintivos a pesar de la convergencia dramática de significados y consecuencias, hay que retirarse en un claustro. Se “taire” como diría Voltaire. De preferencia en un monasterio trapense, allí donde los frailes fabrican esa extraordinaria cerveza “trapista” de alta fermentación y el Señor perdona con creses su consumo exagerado, sobre todo, si se hunde en la cebada como un humilde pececillo y nos asegura un silencio benefactor.

Chocantes y suicidas, para quedarnos en la gama de comparaciones tivias, son las declaraciones del Sumo Pontífice a propósito de la utilización del preservativo. Yo diría, perfectamente escandalosas y muñidas de un incomprensible pasaporte papal hacia la muerte colectiva. Declaraciones, claro, expresadas en el contexto de la consabida posición oficial del Vaticano frente a la concepción y contracepción y que ese viejo foro de disquisiciones filosófico religiosas entre detractores y adherentes, se enfrasca en el inmovilismo de las ideas, a la imagen de la evolución de la Iglesia Católica que justifica sus retardos por una preocupación contestable de tomar esas distancias de tiempo enormes que según ella, exige la reflexión:

La tierra continúa a ser plana, la inquisición está a la vuelta de la esquina, los científicos son los nuevos herejes, el preservativo es un instrumento diabólico que deja pasar el virus: El pisano Galileo Galilei (1564-1642) será condenado de nuevo y esperaremos cuatro siglos para que la iglesia reconozca y deplore oficialmente sus erróneas decisiones.

Sabíamos que las voces del señor son impenetrables, pero las que utiliza Benedicto XVI son anochecidas y retorcidas. El Papa ha dicho que “no se puede solucionar el problema del sida con la distribución de preservativos, al contrario, su uso agrava el problema”. Tesis que se conoce, según el rito al que nos tiene acostumbrados, pero que, expresadas en África, en esa inmensa geografía donde el sida ha edificado su fortaleza inaccesible devastando a poblaciones enteras, ha irritado a todos los que siendo católicos o no, luchan ferozmente contra esa abominable pandemia que es el sida.


La teología medieval del Vicario de Cristo, sumergida en otra memorable metida de pata como aquella de Ratisbona, a propósito del espíritu guerrero de Mahoma, ha llamado a la palestra a un jesuita de talla, y como buen jesuita, el padre Lombardi que es más calculador que analista, ha sacado de su chistera un afrodisíaco argumento que rectifica y amplifica lo que en realidad quiso decir el Papa:


“Señalar al preservativo como el único medio de luchar contra la epidemia, es olvidar los otros aspectos que son esenciales, como hacer un trabajo de educación del comportamiento, la afirmación de los valores del matrimonio, de la fidelidad y de la familia”. En suma, desterrar “esta forma de ideología de la confianza absoluta en el preservativo…” En suma, el maniqueísmo religioso reinventado políticamente, por un sacerdote…Pobre Mani.

El gallo ha cantado por la tercera vez, Pedro. Primero fue la resbalada con los integristas este 21 de enero, segundo, la excomunión de Recife y tercero, el sida. Tres negaciones que enlodan el Evangelio, siendo la última la más espectacular, porque desconoce no solamente el contexto de permisividades sexuales de una población sociológicamente particular, como lo es la sociedad africana, con ignorancias matriculadas en la alquimia de la nigromancia y la hechicería sino que olvida, que sobre este drama, se edifican también las fortunas inconmensurables de las transnacionales farmacéuticas que en secreto, libran sucias batallas por el control del mercado, estamos hablando de Estados Unidos y de la UE.

¿A quién beneficia comercialmente, el mantenimiento y la propagación continental de una enfermedad incurable, donde una joven sobre 3 y un joven sobre 7 están infectados por el VIH, como sucede en Botswana y en general, como sucede en el sud-este del continente africano?
Creced y multiplicaos y poblad la tierra…
________________________________________________________
Leer el Artículo de Alvarez Rodrich en La República de hoy. ESTE PAPA NO ES CHARAPA.

sábado, 14 de marzo de 2009

EL RAPTO DEL VELERO

Los capítulos anteriores pueden encontrarlos en el Archivo del Blog, del mes de febrero


4 LOS PREPARATIVOS DEL VIAJE


Su tía abuela le había prohibido salir a la calle sin la compañía de sus primos o de sus numerosos tíos que más o menos frisaban la misma edad que él: “No salgas a vagabundear como un huirataca”, le dijo, en un tono seriamente amenazador.

Como casi siempre, él desobedeció.

La vieja hermana de su abuelo a quien le habían encomendado la “crianza” del chico, era una mujer que lo olvidaba todo. Debido sin duda a su avanzada edad o debido quizás, a su personalidad perturbada por algunos atisbos de desequilibrio mental, que flotaban entre la demencia y la chifladura. O ambos al mismo tiempo.

Ella, por ejemplo, sostenía que para aprender el Quechua había que chuparle la lengua a un indio. Cada vez que este sentencioso juicio se hacía escuchar, provocando la perplejidad de la gente, ella desataba una risotada monumental, a la vez nerviosa y compulsiva y de la cual, súbitamente, saltaba sin intermedios hacia una postura ecléctica de constricción y de arrepentimiento. Enseguida, erguía sus afectos por la raza indígena, sosteniendo que no eran animales sino, casi. Y había que protegerlos. Hay que tratarlos como si supieran pensar, decía, porque ellos son también, “hijos de Dios”.

Aquella vez, ella olvidó verificar si su severa prohibición se había respetado al pie de la letra, tal como lo había previsto la víspera, mientras discutía del asunto con su hermano. La reputación del chico se construía poco a poco, como una leyenda injusta –como todas las leyendas-, atiborrada de exageraciones sobre supuestas malacrianzas y desobediencias, cuando solo se trataba en él, de un afán encarnizado por descubrir la tortura que causa esa inmensidad de interrogaciones que flotan en el aire, que revolotean subversivas y religadas entre ellas… por todo el cerebro… al mismo tiempo.

La gente mayor ignora casi siempre el martirio que significa llevar a cuestas tantas preguntas, con respuestas que se hacen esperar y esperar, exasperando hasta la rabia. De allí, que todo el mundo se irrita con esa manía tan suya y tan particular de preguntar a cada instante: ¿Por qué? ¿Porqué esto y porqué lo otro? De allí, su necesidad de circundar en el “vagabundaje” de las interpelaciones, directamente, en el terreno de los hechos… En el meridiano de esa tentadora realidad que se le ofrece a sus pies tan generosamente y que le invita a marchar… solamente a marchar un poco.

Ese día, Lucrecia salió muy apresurada, con la sola idea de vender las camisas que había confeccionado toda la noche en su vieja máquina de cocer, “Singer”. Ese día era muy importante para ella, porque como nunca, todo el mundo anunciaba con entusiasmo que habría muchísima gente en el mercado de abastos, y que había que aprovechar para vender al máximo.

Cuando salió de la casa, Lucrecia no constató para nada si su sobrino nieto, enfermo de una debutante bronco pulmonía, dormía bien tranquilo en aquella habitación obscura que le habían asignado, en el fondo de la inmensa casona familiar. Morada confortable que contaba con tres patios que se comunicaban entre ellos y que el abuelo Víctor Manuel, continuaba a construir, para poder albergar a todos los vástagos de sus cuatro matrimonios y aquellos que vendrían de un quinto enlace en preparación con aquella señora que fuera, por largos años, su sirvienta y su ama de llaves: La hilaria.

El “chalet”, como el denominaba a su casa, permitía albergar también a los allegados a la familia que venían a pernoctar por “algunas días” y se quedaban para siempre y, desde luego, permitía cobijar a los numerosos indígenas, hombres y mujeres que se ocupaban de los menesteres de la casa y de sus múltiples negocios de rescatista, vendedor de abarrotes y otros.

Los “pongos”, como se les llamaba, transportaban incansablemente o estocaban todo el santo día, inmensos bultos de mercancías o fardos de hojas de coca. Sus espaldas curvadas a más no poder, sostenían el peso atroz de enormes objetos apiñados unos sobre otros, en un desafío permanente al equilibrio precario de sus cuerpos famélicos. Otros, trasvasaban en botellas gruesas, las interminables botijas de aguardiente que mulas y caballos traían a la casa, vaya a saber el diablo de dónde… Lo que cierto día provocó su inmensa curiosidad y para saberlo puso en práctica un estratagema muy simple: Se Refugió a escondidas en una alforja relativamente espaciosa que contenía lazos, cueros de oveja y otros materiales de protección de las mercaderías y se incrustó en el viaje de regreso del convoy, pero fue descubierto a mitad del camino, en medio de una noche lluviosa y cuyos relámpagos furiosos lo aterraron tanto a él, como él, al mayoral.

Pero ese día de prohibiciones tan repetidas, él, había logrado salir silenciosamente de su habitación, sin que nadie se de cuenta, atraído desde muy temprano por los gritos encendidos de pasión y de cólera que los huiratacas coreaban infatigablemente, por todas partes en la ciudad. Esos rugidos sañosos se introducían en su habitación, como invitaciones impertinentes, pero tentadoras, muy a pesar de que sus ventanas estaban cerradas y condenadas herméticamente al exterior y al interior.

Y, como su abuelo solía decir, esos “pordioseros huiratacas” eran, en efecto, personas andrajosas que salían a la calle para protestar en vano. Ese desfile interminable que inundaba la calle hasta perderse de vista en el fondo profundo, estaba presidido por algunos notables reconocibles, como ciertos maestros de escuela, celosos de mostrar sus corbatas bien sostenidas por prendedores que pretendían ser de oro.

Ellos, eran seguidos de un inacabable tropel de personas vestidas con la modestia del obrero o con la ligereza, un poco descuidada de los estudiantes. Al final del inmenso cortejo, otros individuos aún más pobres, exhibían sus ponchos multicolores y deshilachados, calzando gruesas ojotas de caucho, que dejaban entrever sus talones ranurados de estrías, dentro de las cuales se alojaba una mugre incontestable. Eran sin duda, los cargadores, una institución de transporte humano de la que todo el mundo se servía para desplazar sus pertenencias, a cualquier hora del día y de la noche.

Ese conclave bullicioso y querelloso, deambulando por toda la localidad, instalaba un cierto ambiente de celebración pomposa y jubilatoria. Numerosas banderas y banderolas agitaban en el aire los nombres de las empresas donde esa gente trabajaba: “Maranganí”. “Tejidos Huáscar”. “Sindicato de Chóferes”, “maestros Primarios” y muchas otras siglas que se empapaban de coloridos festivos, en un marco extraordinario de música autóctona, de bombos y de cachasparis que se producían y que se escuchaban al mismo tiempo, en las calles aledañas.

El, desoyendo todos los concejos y las recomendaciones de Lucrecia, o simplemente sin
acordarse de ella en absoluto, se resolvió a seguir a la multitud de manifestantes, caminando
entusiasmado sobre la acera donde muchos curiosos le impiden ver, constantemente, la
amplitud del espectáculo. Esa exhibición de muchedumbres disciplinadas, concertadas para
gritar lemas y consignas radicales, en el centro de un delirio que hace apelaciones a la muerte
y hasta a la extinción inequívoca de ciertos grupos sociales, provocan en él, un choque
violento, con emociones contradictorias.


Son, sobrexcitaciones desconocidas que lo introducen en un estado de febrilidad. Súbitamente
aparecen los primeros escalos fríos y las primeras sensaciones de calor, simultáneamente, en
medio de una deliciosa agitación que le hace temblar hasta perder el equilibrio, son temblores
extraños que evocan un incremento anormal de la temperatura. Su cuerpo sufre cambios
notables hasta en el en el color de la piel, que se transforma desde la palidez demacrada,
hasta el enrojecimiento sudoroso. La vejiga se inunda y se desborda, entonces él, sin más no
poder se detiene al costado de un viejo camión cuyo propietario ha colgado al costado de un
destartalado doble tubo de escape, una advertencia que reza: “Cuidado con los Reactores”. El,
lee el rótulo con una cierta inquietud pero orina copiosamente, con la sensación de descargar
un océano entero.


El, siente ganas de llorar y ganas de enfrentarse contra ese enemigo invisible y todo poderoso
que está presente por todo lado. Contra ese gestor oscuro de tantas iras y tantas desventuras, enumeradas una a una, con tan inmensa convicción por esa masa de personas dominadas por el frenesí de la indignación colérica. Y, sin saber cómo ni exactamente porqué, aquel día, él, sintió encarnar a un personaje muy importante. Demasiado importante. Aquel día llegó a persuadirse que de alguna manera, su frágil humanidad, formaba parte imprescindible de toda esa marea humana y con la cual había que contar a partir de ese momento. La mayoría de los gritos eran confusos e ininteligibles, pero estaban cargados de mucha sinceridad y había que hacerlos inequívocamente suyos y repetirlos con la misma convicción


Entre empellones y palmoteos en la cabeza llegó, con esas personas enardecidas hasta el final de la marcha. Hasta ingresar turbulentamente con ellos a la plaza de armas del Cuzco. Allí, en las inmediaciones del costado izquierdo de la catedral, reconoció a varias personas cercanas a su familia. Ellas confortaron su adhesión categórica al movimiento de sindicalistas cuando constató que en sus rostros, también se había instalado ese rictus de protestación colérica que había que imitar a todo precio, sin saber todavía a ciencia cierta, exactamente, porqué.

FOXLEY O FORCEPS








Chile ha cambiado
de Ministro de Relaciones Exteriores y este cambio provoca comentarios encontrados en el Perú. Los unos, ven un repentino ajuste de clavijas, un fórceps que modificaría la posición oficial chilena con respecto a nuestro país y, los otros, quieren ver que no ven nada. O muy poco.

La verdad es que, en efecto, la presidenta Michelle Bachelet ha hecho cambios significativos en esa cartera para no cambiar absolutamente nada. Para mantener inflexibles las aspiraciones chilenas cuyos diferendos con nosotros no se autentifican ni se transforman por el efecto mágico de un eventual cambio de personas, aquí o allá, sino que son lo que son: Aspiraciones nacionales. Tesis de Estado que obligan a tirios y troyanos a cerrar filas con eficacidad militar, aunque en la forma sean lícitas, en ese país, todas las parodias piratas de la oposición, o todas las intrepideces que parodian a los piratas.

Los chilenos no pueden pasear su alma de la misma manera irresponsable que nosotros. Ellos son concientes de la agrimensura letal de sus superficies y el apetito por el norte continúa a amplificarse en todos los frentes y, dese luego, la coordenada económica es una sólida avanzadilla de una estrategia nacional que busca el afincamiento confortable, que nos lubrica con promesas de buena cosecha, que nos introduce enjambres de oasis milagrosos por los que la banda de García se cae de babas.

La perspectiva cada vez más escalofriante de intervención económica abierta, a través de la danza de las inversiones chilenas ultra protegidas en sectores claves de nuestra economía, la imposición antidemocrática del Acuerdo de Complementación Económica con ese país, van convirtiendo lentamente nuestros diferendos marítimos, en postulados retóricos aún cuando jurídicamente, La Haya, nos acuerde razón. Lo que dentro de cincuenta años no tendrá ninguna importancia porque a esa época, todo será chileno…O casi.