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sábado, 17 de noviembre de 2007

TUDELA, LA SAGRADA FAMILIA.

(Viara Gasot)


Desde las rancias alturas rancias de la burguesía limeña, los hermanos Tudela han escrito el guión, que los más mediocres telelagrimones universales, incluidos los que producen las telenovelas peruanas y las de Bombay, habrían rechazado con un gesto de repudio y abominación. Pero los Tudela lo acaban de patentar, plantando todos los elementos vulgares y anodinos en la trama de la rapacería de cuello y corbata y en medio de un decor de falsas elegancias y boatos con olor a sádico-sulfúrico, pero de todas maneras, encaminados en la recta final de la desaparición y la desaprobación .

Un padre y novio anciano de 92 lúcidos años, lo cual es excepcional, y lo cual tampoco excluye su empolvada y polvorienta trayectoria, es atracado en su hogar, por sus propios hijos mayores(uno de los cuales fue Canciller Fujimorista) , quienes irrumpieron pertrechados de calibres jurídicos pesados, que incluían una jueza, dos connotados abogados, policías diligentes y hasta una ambulancia con musculosos mozos sosteniendo, sendas camisas compresoras para embarcarlo rumbo al sanatoriun, de grado o fuerza.

El patriarca Tudela, acusado de demencia y senilidad, se defendió a raja tabla como un adolescente, pero tuvo que defenderse legalmente de nuevo y varias veces, ante los renovados embates magullero-alevosos de sus hijos, que en el colmo de todos los colmos, encargaron a la magistrada de preguntarle ceremonialmente, cuál era su definición personal sobre la felicidad…

Y todo esto para qué, para legitimar con este secuestro fallido, antiguas apropiaciones contantes y sonantes, otras en camino y otras por venir, pero sobre todo, para impedir un matrimonio de conveniencias convenidas, con probables desheredos, lo cual, es agua de otro molino.

Definitivamente en este tragicómico espectáculo, a los Tudela no les quedará otra cosa que acostumbrarse llamar “mamá" a la nueva esposa, para ver si por la vía de la persuasión les cae algunos milloncitos de dólares, de los 60 que están en disputa.

Definitivamente también, la burguesía peruana carece terriblemente de encanto y, paradójicamente, de clase; término que nos prestamos provisionalmente para ilustrar la inefable mediocridad de espíritu, las augustas mezquindades que engendra el poder del dinero y las falsedades existenciales que jalonan la vida de una clase social despreciable y decadente.