publizida.es

miércoles, 13 de diciembre de 2006

REFLEXIONES DE FIN DE AÑO

Asi, después de un dia largo y fatigante, como a mucha gente, a mi también me gusta regresar a pie de mi trabajo.
Me separan de mi casa, mas o menos, unos 40 minutos de marcha sin forzar.
40 minutos que se hunden, esta noche, en el laberinto silencioso de la reflexión.
Probable detonador: Un altercado verbal, delante de mis narices, entre dos automovilistas intolerantes, quienes esgrimiendo invectivas y acusaciones recíprocas, terminaron en un forcejeo inútil, en un valet de empellones y altisonancias, sin llegar, verdaderamente, al pugilato dirimidor.
Razón del entredicho: Uno de los dos depasó al otro, de manera irreglamentaria.
La policía requisisiona mi testimonio.
Retomado mi camino, en la prolongación aún transparente, que el comienzo de la noche se acuerda, se apodera de mi, el recuerdo reciente de algunas imágenes erizadas, delirantes y debastadoras; también se apodera de mi, el meollo de la interrogación, apareado de la incertitud de saber si ella corre sobre la superficie del mundo, o si únicamente concierne a mi amargura, a mi visión extenuada de fatalismo y de repulsión, repulsión bulímica y compulsiva por lo que ocurre aquí y allá…
Ocurre que un dia del pasado mes, como lo hace también mucha gente, abrí la televisión cuando las informaciones abundaban en imágenes inesperadas, imágenes en proveniencia de México. Imágenes que daban cuenta, cómo decenas de parlamentarios se lanzaban, en el Congreso de la Nación, botellas, envases con restos de comida, todo tipo de objetos, incluyendo enseres pesados como sillas y otros.
Memorable unísono con quórum sobre dimensionado, probablemente la única y exclusiva ocasión parlamentaria en la que, oficialismo y oposición están íntima y unánimemente de acuerdo: La trifulca, en vivo y en directo.
Pero eso no es todo, la tribuna de oradores, se convirtió en una fortaleza defendida en cada uno de sus milímetros, por la bravura de algunas mujeres diputadas del PAN (Partido Acción Nacional), que se sirvieron hasta de sus bolsos y de sus tacones para contraatacar el asedio de los diputados oposicionistas del PRD (Partido de la Revolución Democrática). Se vió volar, literalmente por los aires, a varios legisladores, como aquel con su larga cola de caballo, apellidado Víctor Varela…
El parte de guerra es desconsolador, pero la rabiosa determinación de resistir gloriosamente, se prolonga hasta la media noche, hora en que llegan las colchonetas, mantos y sacos de dormir y se despliegan sobre la tribuna que ahora, además de servir de dormitorio, se convierte en sala comedor, donde se paladean tacos y enchiladas, burritos y nachos con aguacate, en medio de rancheras, y huapangos, con un fondo de improvisadas pancartas con consignas político puntuales, como: “Congreso de la Unión garantiza la toma de posesión…” ¿Ironía o humor negro? “México, lindo y querido…”
En este inaudito episodio de epopeya campal, ¿ha podido la imaginación o el ensueño, imponer, sobre lo que denominamos realidad, sus encantos y sus esplendores invisibles?



El orden de mis reflexiones viene de romperse al instante, violentamente.

En el momento en que las escribo, la brutalidad imponente de la actualidad irrumpe, para inundarme de una extraña sensación de bienestar, la noticia de la muerte del dictador Pinochet.

Me imagino que igual sentimiento habrá invadido el corazón de los que conocieron las atrocidades de Hitler, en su tiempo y que como ahora, no hay lugar para la mas mínima piedad ni commisericordia con el asesino, que no solo mató a miles de chilenos, sino que dejó con media vida apagada y con lesiones irreversibles a cientos de personas torturadas por sus esbirros.

Pienso a Manuel, cerca de Ámsterdam, con sus manos machacadas, sus huesos deformados y la música de su piano silenciados para siempre…Pienso también a Jorge, que no soportó el frió del exilio y se volvió loco… Pienso a mis amigos y a sus dramas familiares, a Inés, a Rosa, a Valdez, al “chueco” Gonzáles, al “elefante” de Saint Gilles, en Bruselas…pienso y pienso, déjenme pensar por hora…